Los ojos de las abejas y su habilidad para ver

Los ojos de las abejas y su habilidad para ver

Si el lector alguna vez desayunó en un pueblo en el aire, hay miel, entonces probablemente las abejas atraídas por el olor a miel también estaban sobre la mesa. En este caso, siempre puede realizar un experimento simple, que requiere una hoja de papel rojo y dos hojas idénticas de papel azul, así como un poco de paciencia.

Quitamos de la mesa un tarro de miel, pero dejamos en él una hoja de papel azul con unas gotas de miel. Pasará un poco de tiempo, y las abejas, descubriendo gotas de miel, comenzarán a llenar sus cenizas de miel. Entregando miel a su colmena nativa, volarán de regreso en unos minutos, para usar una vez más una rica fuente de sobornos.

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Fig.43. Las abejas antes de eso se alimentaban con una sábana azul (el lugar de alimentación se indica con un asterisco (*), busca comida en una sábana azul limpia (izquierda), dejando desatendida una hoja de papel roja (a la derecha).

Déjelos volar varias veces hacia adelante y hacia atrás, luego coloque las hojas de papel rojo y azul a la derecha e izquierda del lugar de alimentación anterior, pero sin miel, y retire el papel con miel. Las abejas no están para nada interesadas en la hoja roja, y sobre el azul giran e incluso descienden sobre ella, aunque esta vez no se puede encontrar nada allí: incluso hay un olor a miel que los atrae. En consecuencia, notaron que la comida estaba en una sábana azul, y es capaz de distinguir el azul del rojo.

A partir de esta experiencia, la conclusión es que las abejas distinguen colores. Pero la situación no es tan simple en absoluto, y esta conclusión es demasiado apresurada.

A menudo hay personas cuya percepci√≥n del color es m√°s o menos limitada en comparaci√≥n con la normal. Hay personas (aunque estos casos son bastante raros), que no distinguen los colores en absoluto. Tal “dalt√≥nico”

ve un paisaje rico en pinturas de tal manera que una persona con visión normal solo puede verlo en una fotografía normal en blanco y negro.

Una persona que no discierne el color ve una variedad de formas de objetos, pero todo parece gris para él sobre un fondo gris y los colores individuales aparecen solo grises en diversos grados de brillo. Si ofrecemos hojas de papel azul y rojo a una persona tan pobre en color, él puede distinguirlos entre sí y nunca confundir. Pero él los distingue no por el color, que no existe para él, sino en términos de brillo, ya que el rojo le parece muy oscuro, casi negro, y azul Рgris claro. Sus impresiones se pueden comparar con las que obtenemos cuando consideramos una fotografía en blanco y negro (consulte la Figura 43). Por lo tanto, para cada color corresponde un cierto grado de brillo.

Está claro que sobre la base de nuestra experiencia es imposible decidir si las abejas distinguen las hojas rojas y azules por su color o, como criaturas completamente daltónicas, en términos de su brillo. Por lo tanto, si queremos sacar la conclusión correcta, tendremos que poner la experiencia de manera algo diferente.

La pregunta que surge es si la abeja que aparece papel de color azul o ella como una persona que sufre de ceguera al color, parece que se trata de un brillo específico tono gris. Puesto que no podemos saber cómo azul brillante parece totalmente desprovisto de ojos color de la percepción de abejas, tendremos que examinar si las abejas para distinguir entre todas las tonalidades de gris. Para este fin, se utiliza un conjunto de hojas de papel gris de diferentes grados de brillo, desde completamente blanco al negro profundo. abejas Oferta se alimentaron en una hoja azul, seleccionar hoja azul puro sin alimentación entre un conjunto de hojas de grises de diferentes grados de brillo, dispuestos en un orden arbitrario.

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Fig.44. En la hoja de papel azul, así como en las hojas grises de diferentes espesores del color que se esparce a su alrededor, hay tazas vacías para la comida. Las abejas entrenadas en azul se reunieron en una hoja de papel azul (que se muestra sombreada en la figura), lo que demuestra que distinguen este color de todos los tonos de gris.

Las abejas y ahora vuelan con confianza a la s√°bana azul y caen sobre ella. Por lo tanto, pueden distinguir entre los colores azules entre todos los posibles tonos de gris, y solo ahora nos han demostrado que ven el azul como color o color.

En estos experimentos, as√≠ como durante el entrenamiento en el olor, es m√°s conveniente en lugar de miel arom√°tico utilizado para la alimentaci√≥n de jarabe de az√ļcar sin olor, pero con el fin de evitar la formaci√≥n de las abejas a un lugar espec√≠fico, a menudo es necesario cambiar la disposici√≥n mutua de hojas de colores de papel. Despu√©s de uno – dos d√≠as de entrenamiento se ajusta tan bien que las abejas visitan la hoja azul en el caso, cuando todas las hojas de papel cubiertas de vidrio. Las abejas, por lo que nos permiten saber que la clave para ellos es de hecho la aparici√≥n de una hoja de color azul, y no algunos no percibidas nuestras narices huelen, que, por supuesto, imposible sentir a trav√©s del cristal.

Exactamente la misma experiencia con una hoja de papel amarilla también es buena. Pero si tomamos una hoja de papel rojo brillante, el resultado del experimento será asombroso. Las abejas, entrenadas en rojo, visitan no solo la hoja roja, sino también hojas escalonadas de papel negro y gris oscuro. El entrenamiento cuidadoso y prolongado no cambia nada. Las abejas se confunden con los colores rojo y negro. El color rojo para ellos no existe. Como el color de un ciego, lo perciben como gris oscuro.

Pero en otro aspecto, los ojos de abeja son superiores a los ojos humanos normales. Perciben perfectamente invisibles para nosotros los rayos ultravioleta, es decir, los rayos “ubicados en el espectro detr√°s de la violeta”. El asunto es esto

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Fig. 45. La aparición de un espectro con la transmisión de rayos de luz a través de un prisma.

Una luz blanca del sol es una mezcla de rayos de luz de diferentes longitudes de onda. Si se pasa a trav√©s de un prisma, sus rayos se refractan de forma diferente y, dependiendo de la longitud de onda de cada uno de ellos, aparecer√° una banda de color del espectro. En la naturaleza, este fen√≥meno se puede ver en la formaci√≥n del arco iris. Los rayos con la onda m√°s larga que vemos son rojos. En t√©rminos absolutos, por supuesto, estas ondas de luz “grandes” son todav√≠a tan peque√Īas que se miden en milimicras (milimicr√≥n-millon√©sima de mil√≠metro). A partir de los rayos rojos con una longitud de onda de 800 mk, la banda de color del espectro alcanza violeta, en la cual la parte visible para nosotros termina con ondas de 400 mk de longitud. Sin embargo, la luz solar contiene incluso ondas m√°s cortas, a saber, los rayos ultravioleta. Para el ojo de la abeja, la luz se vuelve invisible solo a una longitud de onda de 300 m. El ultravioleta aparece en las abejas en un tono de color especial y, adem√°s, el color m√°s brillante y brillante del espectro.

Si las vigas de color obtenidos por la descomposici√≥n del haz de luz blanca se reunieron de nuevo, percibimos la luz blanca de nuevo. impresi√≥n blanca similar se puede obtener mediante la selecci√≥n de un rango de s√≥lo tres haz “principal” color – rojo, verde, azul – y se mezclan en la proporci√≥n adecuada, o si hacer la misma experiencia con ciertos pares de rayos de color (colores complementarios, tales como rojo y azulado verde).

Los colores suaves, casi imperceptibles espectro en unos a los otros, que van desde el rojo, pasando por el amarillo, verde, azul-verde, azul y p√ļrpura. colores finitos, rojo, p√ļrpura, y tambi√©n pueden estar relacionados con las etapas de transici√≥n, si se mezcla en diferentes proporciones de los rayos rojos y violetas. En este caso, cualquier tonos magenta que no est√°n contenidas en el espectro, pero que puede cerrar la rueda de color.

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Fig. 46. ‚Äč‚ÄčEl c√≠rculo de color del hombre (a) y la abeja (b) (esquem√°ticamente). Los tres colores primarios est√°n subrayados. Al mezclarlos, puedes crear colores intermedios. Los colores adicionales en la imagen se colocan uno contra el otro.

La experiencia reciente ha demostrado que las leyes pertinentes de la mezcla de colores tambi√©n son adecuados para las abejas, aunque sus ojos est√°n dispuestos de manera muy diferente que el ojo humano. Para las abejas tambi√©n hay un color “blanco” que se forma mediante la mezcla de los dos todo el espectro abejas visible de colores, y las tres principales flor abeja – amarillo, azul y ultravioleta (o dos flor abeja adicional) y no es similar a cualquier otro color. Para ellos, tambi√©n son nuevos y no est√°n contenidas en la gama de matices cuando espectro porciones rayos de luz de extremo abeja mezcla (amarillo y ultravioleta) uno de otro; en el sentido de la representaci√≥n humana del color puede hablar de la existencia de “abeja p√ļrpura” de color. Naranja, colores amarillo y verde para las abejas son m√°s similares entre s√≠ que a nosotros. Lo mismo se puede decir sobre azul y violeta. En cuanto a los rayos ultravioleta, la radiaci√≥n ultravioleta a la frontera, un nuevo color para las abejas, un extra√Īo nos separe bruscamente el tono de color ( “abeja p√ļrpura”).

En general, la visi√≥n del color de estos insectos tiene una similitud mucho mayor con la nuestra de lo que com√ļnmente se piensa. La principal diferencia radica en su inmunidad al rojo y la extrema susceptibilidad a los rayos ultravioleta. Como los colores realmente se ven como las abejas, por supuesto, no tenemos idea de esto. Despu√©s de todo, nunca podremos reconocer la sensaci√≥n interna de incluso nuestro vecino, cuando llama colores como lo hacemos nosotros.

Ojos de abejas y coloración de flores.

Que el que crea que todo el esplendor de los colores de la Tierra se crea para deleite del ojo humano, estudiará las peculiaridades de la coloración de los halos de las flores y la percepción de sus visitantes alados, y de inmediato se volverá mucho más modesto.

En primer lugar, es evidente que no todo el color de una planta de producir colores personalizados. Muchos de ellos, tales como hierbas y pastos, con√≠feras, olmos, √°lamos y otros tienen flores muy peque√Īo y discreto sin olor no producen n√©ctar. Los insectos no visitan tales flores. las transferencias de polen por casualidad y polinizaci√≥n por el viento solamente est√° garantizada por el hecho de que las flores tienen exceso de existencias de, polen f√°cilmente desmoronamiento seco. Este “polinizadas por el viento” plantas puede ser contrastado con el “polinizadas por insectos.”

Sus flores emiten néctar y atraen a visitantes voladores que transportan polen de la manera más breve y confiable. Estas flores llaman inmediatamente la atención debido al sabor que emiten, o la coloración variegada de las coronas, o, finalmente, la combinación de las dos, son flores en el pleno sentido de la palabra.

Existe la idea de una relaci√≥n m√°s profunda entre las flores y los insectos. Al igual que el due√Īo de un restaurante que goza de letrero luminoso para atraer la atenci√≥n de un transe√ļnte, banderas de colores de colores desde lejos indican las abejas un lugar donde van a n√©ctar y d√≥nde deben buscar el beneficio mutuo de anfitri√≥n y hu√©sped. Pero si el color de las flores tiene alguna influencia sobre el polinizador ojo, entonces se puede suponer la relaci√≥n entre las caracter√≠sticas de color de las flores y los insectos la visi√≥n del color. Esta relaci√≥n realmente existe y se manifiesta con toda claridad.

Mucho antes de que se estudiara la visi√≥n del color de las abejas, los bot√°nicos lo notaron y m√°s de una vez expresaron su asombro de que las flores rojas son muy raras en nuestra flora. Pero este es el √ļnico color que las abejas no perciben como un color; tales flores son discretas para los insectos polinizadores. La mayor√≠a de las llamadas flores “rojas” de nuestra flora – el brezo, la rosa alpina, el tr√©bol rojo, el ciclamen y otras – no son de un color rojo puro, de lo que estamos hablando, sino con una mezcla de azul, rojo purp√ļreo. Pero, tal vez, las flores en general es dif√≠cil producir pintura roja brillante? No, no lo es. En las plantas tropicales, algunas de las cuales, debido a la coloraci√≥n inusual de sus flores, se cr√≠an voluntariamente en huertos e invernaderos como decorativos, a menudo es el color rojo brillante de las coronas. No hay motivos para considerar,

Sin embargo – y esto, tambi√©n, fue sabido por mucho tiempo que los bot√°nicos – s√≥lo las brillantes flores rojas de los tr√≥picos polinizadas no hay abejas y no hay insectos y p√°jaros peque√Īos – colibr√≠es y p√°jaros sol que, flotando en el aire delante de una flor sumergido en √©l sus largos picos y chupar abundantemente la captura de n√©ctar y de alimentaci√≥n.

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Se establece que exactamente ese color rojo que las abejas no perciben parece especialmente brillante para los ojos de las aves.

Durante mucho tiempo ha sido conocido y discutido muchas veces (antes de encontrar una explicaci√≥n gracias a las pruebas realizadas en los √ļltimos a√Īos) es otra relaci√≥n entre el color de las flores y sus visitantes: algunas de las flores de nuestra flora nativa, el color de los cuales est√° cerca de una colores vocales puras, tales como rosas, adonis, coronaria polinizadas principalmente por las abejas no lo hacen, y no son licores y escarabajos, mariposas y preferiblemente fluorescentes, que n√©ctar largo proboscis sacar de la parte inferior de la flor t√ļbulos especialmente profundas. Estas flores parecen estar especialmente adaptadas a la polinizaci√≥n por mariposas que, a diferencia de las abejas y otros insectos, perciben el color rojo.

Realmente no es necesario exigir más. El color de los colores refleja la capacidad de sus visitantes para percibir o no percibir el color rojo. Se debe esperar, y se confirmó, que la susceptibilidad del ojo de la abeja al ultravioleta también encuentre la respuesta en la coloración de las flores. Sin embargo, esta interdependencia es más difícil de detectar debido a la incapacidad de nuestros propios ojos para percibir los rayos ultravioleta.

La primera sorpresa nos la presentaron las flores de amapola, que pertenecen a unas pocas flores, cuyo color se acerca al rojo puro. Sin embargo, son visitadas asiduamente por las abejas. El hecho es que los p√©talos de estas flores, adem√°s de los rayos de luz roja, que no importan a las abejas, tambi√©n reflejan los rayos ultravioleta. Por lo tanto, amapola para nosotros de color rojo, y para las abejas una flor “ultravioleta”. Lo mismo se puede decir sobre las flores rojas de frijoles. El razonamiento de que estas flores tienen un color que no es percibido por los insectos que las visitan ha demostrado ser infundado. Las flores blancas tambi√©n parecen estar pintadas.

El segundo hallazgo sorprendente en esta √°rea era precisamente el hecho de que todas las flores blancas – invisibles a nuestros ojos – se separa por filtraci√≥n de los rayos UV, de onda corta rayo solar. No nos damos cuenta si el blanco en nuestra percepci√≥n del haz de luz ultravioleta o no. Pero sensible a los ojos de abeja ultravioleta del color “blanco”, que se cort√≥ la luz ultravioleta, de acuerdo con las leyes de la mezcla de colores parece opcional UV “azul-verde” de color, es de gran importancia, ya que “blanco” haz de luz se forma mezclando todo abeja percibida luz de color (incluyendo UV), para que las abejas es menos memorable que el color del haz de luz.

El entrenamiento para ese color blanco representa una dificultad conocida, y en vano buscamos ese color en el mundo vegetal. Estrellas blancas de margaritas, que vemos en el prado, las abejas aparecen brillantes estrellas azul-verde. Flores blancas de manzanos, campanas blancas, correas blancas, rosas blancas – todos tienen “letreros” de colores para los “visitantes” que los entienden.

Si en un caso p√©talos de flores deben su ropa de colores ausencia de radiaci√≥n ultravioleta, en otros casos, la raz√≥n de su pintura con encanto, que permanece oculta de nosotros – en su ap√©ndice. Tal es, por ejemplo, flores amarillas zheltushnik, semilla de colza y mostaza de siembra, que apenas se diferencian entre s√≠ en color y forma para nosotros. ¬°Las abejas podr√≠an re√≠rse de nosotros! “Amarillo” para ellos solo una ictericia. Flores de violaci√≥n tambi√©n reflejan un poco de luz ultravioleta y por lo tanto tienen una tonalidad p√ļrpura. Siembra de mostaza, que un mont√≥n de p√©talos de flores reflejan la luz ultravioleta, por lo tanto adquiere un color gruesa “rojo-p√ļrpura” de los ojos de la abeja, cuya capacidad de distinguir entre los tres tipos de color es f√°cilmente demostrable.

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Fig. 48. Flores: a Рicterico, b Рviolación y c Рsemilla de mostaza, fotografiada en luz amarilla (izquierda) y en ultravioleta (derecha). Los diferentes grados de reflexión UV para crear los ojos de la abeja diferentes colores de las flores, vemos el mismo color amarillo.

En la Fig. 48 muestra los tres de la flor encima fotografiaron a trav√©s de un filtro de cruce √ļnicamente la luz amarilla (izquierda) y s√≥lo ultravioleta (RIM). Vemos que la luz amarilla se refleja en partes iguales por las tres flores, mientras que la radiaci√≥n ultravioleta, no es percibido por nuestros ojos, que reflejaban con distinta fuerza. Esto se aplica a muchas otras flores que nos parecen igualmente amarillas o azules.

El lugar donde puedes encontrar n√©ctar en una flor a menudo est√° marcado por una marca de color que llama la atenci√≥n en el ojo: un “punto nect√°reo”. Todo el mundo conoce un anillo amarillo en una flor azul nomeolvides, en cuyo centro la abeja, para alcanzar el n√©ctar, debe entrar en su prob√≥scide.

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En las primulas, las flores de color amarillo claro tienen manchas nect√°reas de color amarillo oscuro, y hay muchos ejemplos de este tipo. Si el color de la flor completa juega el papel de un “letrero”, desde lejos atrae a un “visitante”, entonces las manchas nect√°reas lo dirigen al “restaurante” de una manera m√°s agradable que nuestro √≠ndice prosaico.

La marca de color es muy elocuente debido a que las manchas nect√°reas casi siempre tienen un olor m√°s fuerte, ya menudo incluso completamente diferente, que las partes circundantes de la flor. La mancha nect√°rea √≥ptica es para las abejas simult√°neamente y una mancha arom√°tica. No notamos esto porque cuando trazas aire con tu nariz todas las sustancias arom√°ticas se mezclan. Para una abeja que percibe los olores “pl√°sticamente” con sus antenas, tales marcas arom√°ticas son de particular importancia.

Cualquiera que pueda ver el mundo a través de los ojos de una abeja se sorprendería al descubrir el doble de flores con magníficas manchas nectáreas que nuestro ojo puede detectar sin ver el ultravioleta. El espectáculo que aparece en el ojo de la abeja puede hacerse visible al fotografiar las flores a través de tres filtros de color, cuya translucidez corresponde a partes del espectro de los tres colores principales percibidos por las abejas.

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Fig. 50. Flores y hojas de la tienda de campa√Īa rastrera, fotografiadas: a – en amarillo, b – en azul, c – en luz ultravioleta.

Las flores, que nos parecen de color amarillo brillante, reflejan fuertemente los rayos en luz amarilla, no los reflejan en azul, y solo las partes extremas de los pétalos se reflejan fuertemente en la luz ultravioleta. Por lo tanto, aparece una mancha nectárea invisible, de color amarillo brillante en un marco morado, y debido a un reflejo uniforme débil de los rayos ubicados en las tres partes del espectro, las abejas son incoloras.

En la Fig. 50 representan las mismas flores amarillas para nosotros calafateo progresivo; El color claro de los p√©talos en la imagen tomada a trav√©s del filtro amarillo muestra que los rayos amarillos se reflejan con fuerza y ‚Äč‚Äčuniformidad. Su color oscuro en la figura en la parte superior derecha (filtro azul) nos permite concluir que los rayos de luz azul se absorben. Fotografiar a trav√©s del filtro ultravioleta (abajo) revela un fen√≥meno llamativo: un punto nect√°reo invisible. Las √ļltimas secciones de los p√©talos reflejan la luz ultravioleta, por lo que son de color, que consiste en una mezcla de flores de color amarillo y morado – “abeja p√ļrpura” de color. La parte interna de la flor absorbe la luz ultravioleta, tan puro n√©ctar mancha amarilla aparece rodeado por un borde de color p√ļrpura a la abeja ojos. La influencia de estos puntos nect√°reos ocultos a nosotros se puede entender realizando experimentos con abejas.

Mirando la Fig. 50, podemos sacar otra conclusi√≥n, que, en esencia, da un significado profundo a toda la magnificencia de las flores. Junto con las flores fueron fotografiadas y hojas verdes. Ellos reflejan los rayos de luz de tres partes principales del espectro para las abejas de manera bastante uniforme, y s√≥lo en el √°rea de color amarillo – un poco m√°s. Esta conclusi√≥n tambi√©n es v√°lida en relaci√≥n con otro follaje y significa que las hojas se parecen a nosotros verde, abeja visto casi incoloro gris con tinte amarillo p√°lido. Pero cuanto m√°s intenso en este fondo deste√Īido son las coloridas flores.

El amante de la naturaleza, por supuesto, no dejará de disfrutar de las flores, incluso si descubre que no son para nada para él.

En la estructura de los ojos.

Dos personas pueden tener la misma visi√≥n de color perfectamente normal, pero tienen una agudeza visual diferente. Uno de ellos no puede ser peor que un indio puede ver todos los detalles est√°n en los objetos a lo lejos, y el otro, con el m√°s alto grado de miop√≠a, sin gafas se vuelve rid√≠culamente impotente. La capacidad del ojo para distinguir los colores no fijamos incluso con la disecci√≥n anat√≥mica m√°s cuidado, ya que se basa en las mejores caracter√≠sticas de la estructura interna, que est√° m√°s all√° incluso el examen microsc√≥pico. Pero una percepci√≥n clara o la forma del ojo borrosa de los objetos est√° estrechamente asociado con una serie de caracter√≠sticas “duras” de su estructura: anatomistas tienen estructura externa del ojo puede ver, que pertenece a, por ejemplo, una persona miope.

Pero si abrimos el ojo de una abeja u otro insecto, esforzándonos por determinar su capacidad de trabajo, todos nuestros conocimientos adquiridos sobre la base de estudiar el ojo humano ya no pueden ayudarnos. Para el científico es particularmente tentador para rastrear los modos y medios por los que la naturaleza logra el mismo objetivo en tales diversa en su base misma de existir como una persona y una abeja.

La finura de la estructura del ojo de un insecto es mucho más polifacética que el ojo humano. Comprenderlos hasta el final solo es posible con un estudio serio, y como requisito previo para esto, debemos extraer algunos argumentos en el campo de la física. Sin embargo, la principal diferencia en la estructura del ojo humano y los insectos se puede explicar en pocas palabras.

El ojo humano se puede comparar con una cámara. Un orificio en la pared frontal de la cámara corresponde a un agujero visual en el ojo humano: la pupila. Así como fotógrafo cuando una iluminación brillante reduce la abertura para debilitar la fuerza de la luz, y un iris (apertura), siendo comprimido, reduce la pupila y protege el interior del ojo de la luz excesivamente brillante. La lente de la cámara corresponde a la lente del ojo humano. Ambos tienen la misma forma y con el mismo propósito. Cuando miramos el punto luminoso distante A, que irradia luz desde todas las direcciones, la lente recoge los rayos que inciden en ella a través de la pupila y los conecta a un punto en la parte inferior del ojo (a).

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Fig. 51. El ojo de una persona. С Рla retina; ZN Рel nervio óptico.

Si imaginamos más y un punto B luminosa, la lente recoge que emana de lo haces en el fondo de ojo en una posición ligeramente inferior (b), y los rayos procedentes de un tercer punto (C) situado por debajo de la primera (A), se reunirán en el punto (c) en la parte posterior del ojo sobre el primer punto (a). En lugar de tres puntos brillantes, el lector puede imaginar tres estrellas en el cielo o tres velas encendidas colocadas una encima de la otra.

Estas consideraciones siguen siendo v√°lidas para cualquier punto que no irradia por s√≠ mismo, pero que est√° iluminado por una fuente de luz artificial o artificial. Luego arroja la luz que cae sobre ella en todas las direcciones, como si ella misma lo irradiara. Cada art√≠culo est√° en nuestro campo de visi√≥n, podemos imaginar que consiste en muchos puntos individuales, y para cada uno de ellos aplicaron todas las cosas que hemos tra√≠do hasta nuestros tres puntos A, B y C. Por lo tanto, el objetivo gotas en el fondo de ojo una peque√Īa, boca abajo, pero la imagen exacta del sujeto en cuesti√≥n, es exactamente la misma que la lente de la c√°mara – sobre un vidrio esmerilado o insertado en su lugar una placa fotogr√°fica.

Una diferencia significativa entre la cámara y nuestro ojo es el uso de la imagen resultante. En la cámara de la placa, la imagen obtenida en un momento dado está impresa y, por así decirlo, preservada. En nuestro ojo, el lugar de la placa fotográfica está ocupado por una capa reticular, que percibe la imagen con todas las distribuciones de luz y sombras sobre ella, y surge de nuevo a cada momento y cambia continuamente.

La parte principal de la retina se compone de los mejores elementos de barra mosaicos (que son tan peque√Īas que, con el fin de llenar la distancia de 1 mil√≠metro, se necesitar√≠an muchos cientos de ellos), y que son las fibras nerviosas m√°s delgadas conectados al cerebro. Cada punto de luz cuya imagen cae sobre la retina, a trav√©s de las fibras nerviosas apropiadas se transfiere al cerebro, y no solamente, y no en la retina se produce percepci√≥n conocida – a partir de cada punto individual, apareci√≥ en oscuridad de la noche, y la masa sin fin de puntos individuales que a la luz del d√≠a se llena con todo nuestro campo de visi√≥n y combinar entre s√≠ en una sola imagen visual.

A veces surge la pregunta: ¬Ņpor qu√© el mundo no nos parece al rev√©s, si toda nuestra retina se refleja al rev√©s? Esta pregunta no tiene sentido, porque la imagen visible se dio cuenta de que no tenemos la retina y el cerebro, en el que todas las part√≠culas de la imagen durante mucho tiempo tuvieron que permanecer de otra manera, ya que le dijeron que no conduce a las fibras nerviosas del cerebro.

Abejas ojos y otros insectos tienen ojos sin pupila o el iris o la lente. La cubierta de malla en la parte inferior del ojo se puede comparar con la capa de malla del ojo humano. Pero la imagen en este caparaz√≥n reticulado aparece de manera diferente. La abeja tiene ojos muy prominentes ubicados a los lados de la cabeza. Si tenemos en cuenta su superficie a trav√©s de una lupa de gran aumento, parece una manera elegante dividido en peque√Īas parcelas, facetas, y por lo tanto un √≥rgano de la visi√≥n como se llama ojos compuestos.

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Fig.52. Ojo de la abeja (contorno). La vaina del rosario; Kc es el cono cristalino; Ps Рbarras de la retina; ZN Рel nervio óptico. Los puntos A, B y C en el campo de visión corresponden a las imágenes de los puntos a, byc que aparecen en la retina. La imagen es directa.

Por lo tanto, la aparición del ojo de la abeja ya habla de su desemejanza en la estructura interna con lo humano.

El √°rea del ojo dividido consiste en quitina y es una capa protectora externa que corresponde a la c√≥rnea de nuestro ojo. La quitina, como un caparaz√≥n, cubre todo el cuerpo de una abeja. Para cada porci√≥n de la c√≥rnea adyacente a la formaci√≥n de cristales transparentes keglevidnoe – cono cristalino (Kk, la Figura 52, 53.). Recoge directamente dirigido contra √©l rayos de luz y los env√≠a a los bastones de la retina (PS), que est√°n estrechamente apiladas entre s√≠ para formar la retina. Cada uchastochek junto con el tubo contiguo y relativos a ellos formas de varilla de la retina ocular la cu√Īa.

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Fig. 53. Atraviesa el ojo de la abeja. La vaina del rosario; Kc es el cono cristalino; Ps Рbarras de la retina. En la parte superior del ojo, cuando se conserva, la córnea se exfolia un poco del cono cristalino.

Por lo tanto, el ojo complejo de una abeja trabajadora consiste en aproximadamente 5,000 cu√Īas ce√Īidas entre s√≠, todas las cuales, y esto es muy importante, est√°n ubicadas en la direcci√≥n longitudinal con una ligera inclinaci√≥n hacia dentro una de la otra, de modo que ninguna de ellas parece en la misma direcci√≥n que el otro. Cada tubo est√° vestido con una funda negra opaca como una pierna en una media.

Una vez m√°s, imagine en el campo de visi√≥n del ojo un punto luminoso (A), que emite rayos en todas las direcciones. Estos rayos caen sobre toda la superficie del ojo. Pero solo 3 de la cu√Īa del ojo, en la direcci√≥n de la cual se ve un punto luminoso, los rayos que alcanzan rectil√≠neamente pasar√°n a trav√©s del tubo hacia la vara retina (a). Las cu√Īas oculares restantes, sobre las cuales la luz cae algo oblicua, la absorben con sus caparazones negros, antes de que alcance su retina fotosensible. El otro punto (B) ubicado arriba se encuentra en la direcci√≥n de visi√≥n de la cu√Īa ocular ubicada m√°s arriba, y el punto inferior (C) se percibir√° apropiadamente por la cu√Īa oculares ubicada debajo que la transferir√° a la retina (vea la Figura 52).

Esto tambi√©n se aplica a innumerables puntos, de los cuales, como podemos imaginar, es un objeto. Cada cu√Īa de ojo, por as√≠ decirlo, arrebata de todo el campo de visi√≥n una peque√Īa part√≠cula situada en la direcci√≥n de su vista. Por lo tanto, como sigue directamente de la figura, aparece una imagen en la retina, pero no invertida, como en el ojo con la lente. El orden de la ubicaci√≥n de los puntos de imagen en la retina corresponde a su ubicaci√≥n real, por lo que la imagen en la retina es recta.

Esta circunstancia ha sido discutida muchas veces. Pero en s√≠ mismo no tiene un significado significativo y es una consecuencia natural de las diferencias en el proceso de aparici√≥n de im√°genes en la retina. En la abeja, ya en la superficie del ojo, la imagen de todo el campo de visi√≥n se divide en un mosaico de las piezas m√°s peque√Īas de la imagen transmitida a trav√©s de las cu√Īas oculares individuales a las barras de la retina y, por lo tanto, al cerebro. En nuestro ojo, la lente arroja una sola imagen invertida sobre la retina, que se descompone mediante los palillos de la retina en un mosaico y se transmite al cerebro. Conectar “guijarros” separados de una imagen de mosaico en una sola imagen imaginaria ya es una tarea del cerebro.

En la Fig. 52 este proceso de la aparici√≥n de la imagen se muestra en una forma ampliada y simplificada. Cu√°n elegante y uniforme es el hecho de que las cu√Īas oculares son adyacentes entre s√≠ y lo numerosas que son, la microfotograf√≠a de la incisi√≥n a trav√©s del ojo de la abeja da una idea (ver Figura 53).

La agudeza visual de la abeja y la percepción de la forma de los objetos.

Ahora, por supuesto, sería interesante saber qué tan bruscamente el ojo de un insecto puede ver los objetos del entorno. Después de todo, en su estructura, es significativamente diferente de nuestro cuerpo de visión. Hay varias maneras de encontrar algunos puntos de partida para este estudio.

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Fig. 54. Micrografía de la imagen que aparece en la retina del ojo de una luciérnaga (aumento de 120 veces). A través del vidrio de la ventana se ve la iglesia, en un vidrio de la ventana hay una letra R pegada en papel negro.

Lo m√°s obvio ser√≠a un examen directo. Logramos obtener la imagen del objeto tal como aparece en la cu√Īa de los ojos de la luci√©rnaga, en su caparaz√≥n reticulado, y, al ampliarlo bajo un microscopio, fijarlo en una placa fotogr√°fica. La imagen muestra una vista desde la ventana: es f√°cil reconocer las encuadernaciones de ventana, la letra R pegada al cristal e incluso el campanario a lo lejos, todo esto lo vemos con los ojos de una luci√©rnaga.

Solo tomamos la experiencia de este peque√Īo insecto, porque las cu√Īas de los ojos de la l√≠nea frontal est√°n reforzadas con quitina y, por lo tanto, no se deshacen si se corta el ojo con un bistur√≠ muy delgado. De esta forma, es posible separar todo el conjunto de cu√Īas oculares de la capa reticular, considerar la imagen que arrojaron a trav√©s de un microscopio y fotografiarla. Comparado con la percepci√≥n de un ojo humano normal, parece muy vago.

La misma conclusi√≥n es dada por un estudio anat√≥mico. La c√°scara de malla del ojo del insecto se√Īala m√°s detalles, es decir, la vista puede ser a√ļn m√°s n√≠tida, m√°s cu√Īas son los ojos. Esto se puede comparar con una imagen de mosaico, que tendr√° una mayor similitud con el objeto representado en ella en todos sus detalles, mientras m√°s piedras de mosaico se usen para crearla.

Los ojos de las abejas y su habilidad para ver

En la Fig. 55 ojos Y no pueden percibir por separado tres puntos, ya que caen en el √°rea de visi√≥n de la misma cu√Īa del ojo, que corresponde a la misma barra de la retina. Eye B puede percibirlos por separado, ya que en este caso se muestran en diferentes cu√Īas oculares. Est√° claro que cuanto menor sea el √°ngulo de visi√≥n de cada ojo individual, mejor ser√° su capacidad de descomposici√≥n espacial del objeto.

La magnitud de este ángulo en el ojo de la abeja se aproxima a un grado. Por lo tanto, dos puntos que aparecen en el campo de visión en un ángulo menor no se pueden considerar por separado. Un ojo humano agudo puede percibir por separado dos puntos, ubicados uno de otro a una distancia de solo un minuto del arco (1/60 grado). La agudeza visual de una abeja debe ser, por lo tanto, mucho más baja que la agudeza visual de una persona.

Un amigo de las abejas tendr√° que aceptar el hecho de que muchos detalles de una naturaleza diversa y hermosa permanecen ocultos de sus favoritos. Por supuesto, ser√≠a interesante contar con esta representaci√≥n m√°s precisa de las abejas que pueden “cuestionar” al aplicar una forma de entrenamiento. Con la ayuda de este m√©todo, es f√°cil ense√Īarles con gran certeza a distinguir las formas de las flores representadas en la Fig. 56.

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Sin embargo, investigaciones posteriores revelaron que las abejas, obviamente, están orientadas al mismo tiempo en otras características básicas que nosotros. Más claramente esto es evidente cuando se aplican figuras geométricas simples. A pesar de los largos intentos, no es posible obligar a las abejas a distinguir figuras tan dispares como el triángulo, el círculo, el cuadrado y el rectángulo.

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Pero es a√ļn m√°s sorprendente que las abejas confunden las figuras de la hilera inferior entre s√≠ y, por el contrario, pueden distinguir r√°pida y confiadamente cada figura de la hilera inferior de cualquier figura de la hilera superior. A partir de esto (y tambi√©n sobre la base de otros experimentos repetidos muchas veces), se puede concluir que para el ojo de la abeja, un atributo secundario de las figuras, el grado de su desmembramiento, es de importancia decisiva. Las figuras de cada uno de estos dos grupos, diseccionadas con un contorno diverso o indiferenciadas con un contorno simple, parecen ser muy similares o incluso id√©nticas. Esto lleva al hecho de que en los experimentos de entrenamiento para estudiar los sentimientos de la forma, son completamente incapaces de resolver problemas muy simples para nosotros.

Otra percepción de la forma de los objetos por las abejas se debe al hecho de que sus órganos de visión son inmóviles. La abeja no puede girar y mirar el objeto que le interesa. Todos sus 10 000 ojos están firmemente fijados en la cabeza a la derecha e izquierda y se instalan en todas las direcciones. En vuelo, ella ve al mismo tiempo todo el panorama debajo de sí misma y alrededor, y las impresiones que los ojos individuales reciben de los objetos que parpadean cambian de forma continua y muy rápida.

Si se produce un destello de luz en una habitación oscura en rápida sucesión, se crea la impresión de una luz parpadeante. Cuando más de 20 flashes se suceden durante un segundo, nuestros ojos ya no los perciben por separado y dan la impresión de una iluminación continua. Es este fenómeno el que se usa ampliamente en la cinematografía, donde el efecto del movimiento continuo se crea como resultado de un segundo o segundo turno de 99-25 fotogramas de una película. No notamos que después de una cierta fracción de segundo ocurre un oscurecimiento, durante el cual la imagen cambia.

Si hubiera una película en el estado de las abejas.

El proyector deber√≠a hacerse de una manera completamente diferente. Por el mismo tiempo, antes las abejas tendr√≠an que saltarse m√°s de 200 im√°genes individuales, para que no se quejaran de “parpadeo”. Las abejas oculares por un segundo pueden percibir por separado impresiones 10 veces m√°s independientes que nuestros ojos. Por lo tanto, el ojo de abeja se adapta brillantemente a la percepci√≥n de movimiento y al agarre de las impresiones que cambian r√°pidamente, cuando durante el vuelo antes de que la abeja vuele objetos inm√≥viles por s√≠ mismos.

La capacidad insignificante para la descomposición espacial se compensa por la capacidad excepcional de analizar eventos en el tiempo. Por lo tanto, está claro que las abejas prestan mucha más atención a los cambios que ocurren en el campo de visión que a las formas tranquilas y superficies cerradas, y que en su memoria, ante todo, se imprimen imágenes de luz y color fuertemente diseccionadas. Así es como puedes imaginar todo esto. Por supuesto, conocer la verdad e incluso por un momento para ver el mundo como lo ve la abeja es el deseo anhelado de todo científico natural inquisitivo.

Percepción de luz polarizada.

La mayor√≠a de la gente no sabe nada acerca de la “luz polarizada”. Ni siquiera est√°n interesados ‚Äč‚Äčen ellos. Despu√©s de todo, para comprender con qu√© frecuencia, sin siquiera sospechar esto, vemos tal luz, necesitamos usar un equipo especial. En la escuela, ense√Īamos que la luz es una onda electromagn√©tica de cierta longitud, que se propaga con monstruosa rapidez en el espacio. En este caso, hay oscilaciones perpendiculares a la direcci√≥n del haz de luz (vibraciones transversales). En la luz solar natural, la orientaci√≥n del plano de estas oscilaciones puede ser cualquiera, en particular, puede cambiar incesantemente.

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Fig. 58. Esquema que explica la diferencia entre la luz ordinaria (a) y la polarizada (b).

En la Fig. 58, mientras que un rayo de luz dirigido directamente hacia nosotros se representa condicionalmente en forma de un punto, las líneas punteadas indican algunas direcciones de oscilaciones alternas. En luz polarizada (por ejemplo, en un haz polarizado en el plano), todas las oscilaciones ocurren en el mismo plano.

En la naturaleza, la luz polarizada no es poco com√ļn. La luz del sol reflejada por un espejo, superficie del agua o asfalto mojado en la calle, est√° parcialmente polarizada (y en algunos casos completamente). El cielo azul est√° ricamente polarizado; no lo notamos, porque para nuestro ojo no hay diferencia entre la luz ordinaria y la polarizada. Pero para los ojos de los insectos y otros artr√≥podos, la luz polarizada es algo especial. Incluso pueden reconocer la direcci√≥n de sus oscilaciones y usarlas para orientarse en el espacio. Esto tambi√©n se aplica a nuestras abejas. Esta habilidad fue descubierta por ellos hace varios a√Īos.

La luz polarizada se puede crear y artificialmente, por ejemplo, usando el prisma de Nicolas. Recientemente, también se han fabricado polarizadores transparentes grandes, que polarizan completamente los rayos que pasan a través de ellos. Debido a estos medios auxiliares, no es difícil establecer si la luz, cuyas propiedades no conocemos, está polarizada y cuál será la dirección de sus oscilaciones en las condiciones apropiadas.

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Esto se puede demostrar visualmente de la siguiente manera. Desde el polarizador, las placas oblongas se recortan para que la dirección de las oscilaciones de la luz que pasa a través de ellas sea paralela al lado largo del rectángulo. No podemos determinar por percepción directa que la luz está polarizada. De esta manera o que generalmente está polarizado. Tampoco notaremos nada inusual si colocamos el segundo filtro en la misma posición en la misma posición, porque con esta disposición, la luz polarizada en el primer polarizador puede pasar sin obstáculos a través del segundo filtro. Los lugares superpuestos parecerán algo menos transparentes debido a que los filtros tienen un color débil y dos filtros, naturalmente, absorben más luz que uno.

Si giramos gradualmente un filtro en dirección opuesta al otro, la luz se oscurecerá más y, finalmente, cuando los filtros estén perpendiculares entre sí, desaparecerá por completo. Cruzando en ángulo recto con respecto al primero, el segundo polarizador se vuelve completamente impermeable a las vibraciones de luz que surgen en el primero: con la posición oblicua del segundo polarizador, solo una parte de la luz pasa a través de él. La intensidad de dicha luz disminuirá cuanto más, cuanto más fuerte sea la dirección de las oscilaciones de la luz que pasa a través de ambos polarizadores, se desviará una de la otra.

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Una disposición algo diferente de los polarizadores se aproxima a las condiciones que se plantean en el ojo de un insecto cortamos del polarizador son triángulos isósceles, que la dirección de la luz de oscilación que pasa a través de ellos fue paralela a la base de cada triángulo, y colocarlos en la forma de una estrella.

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Si se mira a trav√©s de la estrella-polarizador en la superficie emisora ‚Äč‚Äčde luz de la luz natural, todos los tri√°ngulos se parecen igual de brillante y sabemos que vemos la luz polarizada en direcciones diferentes. Pero si se mira a trav√©s de la misma polarizador a la superficie desde la que se polariza la luz, dependiendo de los cambios en el plano de oscilaci√≥n de los tri√°ngulos de iluminancia de luz incidente cambiar√° como se muestra en la Figura 59.

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Fig. 62. a es el ojo individual del ojo complejo de la abeja (ver Figura 52), muy agrandado; b – secci√≥n transversal a trav√©s de un ojo separado hecho a lo largo de la l√≠nea a-a (un aumento incluso mayor); –ó–ļ – la celda visual; Yazk es el n√ļcleo de la c√©lula visual; Zn – varita visual (interna, como se supone, parte fotosensible de la celda visual); Kc es el cono cristalino; P – c√≥rnea (membrana quitinosa).

Un fenómeno similar, que hace posible reconocer las direcciones de las oscilaciones de la luz polarizada, se produce en el ojo facetado. Con un fuerte aumento y una cuidadosa consideración, resulta que las barras de la retina están formadas por un grupo de ocho células sensibles y, en consecuencia, constan de ocho partes, como nuestro polarizador en forma de estrella. La similitud no es solo externa; de manera similar, las fluctuaciones de la luz también se igualan. Obviamente, hay un aparato que le da al ojo facetado una ventaja sobre el nuestro y lo hace capaz de percibir la luz polarizada.




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