Habilidades mentales de las abejas

Habilidades mentales de las abejas

Esta sección será breve, ya que no vale mucho decir que se sabe poco.

Pero algo que decir todav√≠a es necesario. El aprendizaje de una c√©lulas ingenioso dispositivo o la capacidad de las abejas para ceder a la formaci√≥n, sobre sus bailes y su uso de la br√ļjula celeste, as√≠ como vigorosa deshacerse de los aviones no tripulados en el momento en que se conviertan en violencia innecesaria, el lector podr√≠a estar inclinado a atribuir a las abejas capacidades mentales extraordinarias. Sin embargo, este no es el caso. La conveniencia de cualquier acci√≥n a√ļn no prueba que esta acci√≥n se realice de forma deliberada.

Por lo general, consideramos que es una intencionalidad actuar de tal manera que cualquier criatura, utilizando la experiencia de vida ya acumulada, act√ļe correctamente en una posici√≥n nueva e inusual para s√≠ mismo. Y esto requiere la capacidad de recordar lo que sucedi√≥ antes, de comprender la situaci√≥n y vincularla con las im√°genes de los recuerdos.

Un requisito previo para esto es que las abejas tengan buena memoria. Los experimentos con entrenamiento, que fueron discutidos en cap√≠tulos anteriores, son bastante convincentes en esto. Si asegura a las abejas con alg√ļn color, incluso despu√©s de un descanso durante varios d√≠as debido al mal tiempo, est√°n buscando comida y papel del mismo color. Semanas y, a veces de por vida recuerda el olor de las abejas, que los entrenaron brevemente, a continuaci√≥n, incluso si no ocurren a su encuentro.

Tampoco hay duda de que las abejas pueden atrapar cierta conexi√≥n entre los fen√≥menos. Si nosotros, por ejemplo, al dar el forraje abejas en la caja azul, con √©xito dressiruem ellas en color azul, es una prueba de que las abejas asocian el color azul, que hab√≠an visto, que penetra en la caja / s encontrado en los alimentos que ellos “entienden” relaci√≥n conocida entre estos fen√≥menos.

Pero

esta capacidad psíquica de las abejas no puede sobreestimarse, ya que está limitada a un marco muy estrecho. Recuerdo aquí una historia sobre una sola abeja Halicodome. Este es un pariente cercano de nuestra abeja melífera, pero no pertenece a los insectos sociales. Khalikodoma construye para cada huevo una celda redonda separada de arcilla y la llena de miel hasta que la reserva es suficiente para permitir que la larva, que se extrae del huevo, pueda alimentarla hasta su plena madurez. Recolectando tal reserva, la abeja pone un huevo sobre ella, sella la abertura de la celda para proteger a su descendencia de los enemigos, y, sin importarle más su destino, se toma para construir la siguiente celda.

Un investigador cuenta sobre el pr√≥ximo experimento. Aprovechando el momento en que una madre abeja recolecta sobornos en flores, hace un agujero en una celda reci√©n construida, pero que a√ļn no est√° llena de comida. Al regresar, la abeja nota el cambio que ha tenido lugar. Esto se puede ver por la forma en que sigue el enorme agujero de la antena. Sin embargo, la abeja no piensa en cerrar el agujero, aunque no hubiera sido muy dif√≠cil para ella. En cambio, es, como de costumbre, liberado de la carga de popa, que cae por el agujero. Lo uso despu√©s de palearlo en el suelo despu√©s de cada vuelo por un soborno.

Era de esperar que, habiendo notado el fracaso de su trabajo, la abeja traería la comida con mayor celo o lance esta celda. Pero ni uno ni el otro no sucede. La abeja trae tanta comida como sea necesario para el desarrollo de la larva en condiciones normales. Luego pone un huevo, que cae inmediatamente a través del fondo roto hasta el suelo, y sella cuidadosamente la celda con un agujero abierto desde abajo.

No s√© si esta descripci√≥n es verdadera en todos sus detalles. Si no, entonces, en cualquier caso, est√° magn√≠ficamente acu√Īado y es consistente con m√ļltiples observaciones similares sobre otros insectos y abejas mel√≠feras. No pude sacar de sus vidas un solo ejemplo de acci√≥n inteligente. Incluso los experimentos de entrenamiento mencionados anteriormente no funcionaron tan pronto como la tarea en cuesti√≥n se desvi√≥ de las acciones habituales desarrolladas durante cientos de milenios.

La propia naturaleza, por as√≠ decirlo, los arm√≥ con una capacidad ps√≠quica para unir, por ejemplo, un aroma floral con una b√ļsqueda de alimento. Pero basta con aplicar para vestir no es floral, pero, por ejemplo, un olor putrefactivo, por lo que es completamente fallido. El olor putrefactivo no parece desagradable para las abejas, ya que visitan los abrevaderos en cajas con este olor sin la menor vacilaci√≥n. Se puede demostrar mediante la experiencia apropiada que la “nariz de abeja” percibe este olor tan bien como el floral. Sin embargo, los antepasados ‚Äč‚Äčde nuestras abejas experimentales nunca encontraron miel en relaci√≥n con el olor putrefacto. Y las capacidades mentales de una abeja no le permiten atrapar la conexi√≥n entre estos dos fen√≥menos por s√≠ misma.

Por lo tanto, la capacidad de aprender de las colonias de abejas est√° limitada por el estrecho alcance de lo que es importante para ellos en condiciones naturales y a lo que se han acostumbrado desde la antig√ľedad. La abeja se acostumbra al color azul o al olor de la rosa del perro si encuentra comida cerca de ellos, al igual que las innumerables generaciones de sus antepasados. Ella hered√≥ de ellos la capacidad de construir celdas de cera hexa√©dricas, para formar una actualizaci√≥n, para indicar cu√°ndo: la ayuda de los bailes coloca un buen soborno y pellizca los drones cuando pasa el tiempo. Con estricta correcci√≥n, las condiciones habituales causan acciones habituales.

¬ŅLas abejas saben algo de lo que hacen? Nadie puede responder esta pregunta con certeza. Nadie ha tenido √©xito en resolver el enigma, c√≥mo los antepasados ‚Äč‚Äčde las abejas adquirieron las habilidades que las generaciones actuales heredaron de ellos.




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