Abejas del género

Abejas del género

Todo esto podría haberse dicho durante mucho tiempo. Pero es mejor recurrir a esas formas en las que puede encontrar el comienzo de una forma de vida social.

Algunas especies de abejas en lugares con buenas condiciones para anidar tienen sus nidos cerca el uno del otro. Aunque estos insectos son completamente inofensivos, ya sea que construyan sus nidos solo o varios en un solo lugar, con el aumento en el tama√Īo del asentamiento, su coraje parece aumentar. Se defienden, si es necesario, y atacan enjambre al que los obstaculiza. Algunas especies en oto√Īo buscan los agujeros de tierra y hibernan en ellas por grandes comunidades. Deje que estas reuniones est√©n condicionadas en tales casos por condiciones de nidificaci√≥n favorables o refugio tentador, en esto todav√≠a se puede ver un cierto deseo de una forma de vida social.

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Fig. 109. Seis machos de una sola abeja del g√©nero de los halicts, que con mal tiempo, as√≠ como para pasar la noche, se re√ļnen en el mismo lugar del tallo seco. (Tama√Īo natural)

Quiz√°s, en su forma original, el instinto social se manifiesta solo en el deseo de los insectos de simplemente permanecer juntos, sin un prop√≥sito definido. En la Fig. 109 representa el extremo superior de un tallo de flores secas, en el que varios machos de una especie de peque√Īas abejas solitarias se reunieron para la noche. Durante el d√≠a, cuando hace buen tiempo, vuelan en todas direcciones, pero tan pronto como el cielo se aprieta por las nubes de lluvia, y todas las noches al anochecer se re√ļnen en el mismo lugar para descansar juntos.

Este tallo no es diferente de los innumerables innumerables tallos exactamente iguales. Las abejas no encuentran un refugio cálido en él: en la copa de cualquier flor estarían mejor protegidas del frío que de este tallo, balanceándose por el viento. No encuentran

en ella protección contra la lluvia o la comida, y las hembras de su especie viven en otro lugar. Tienen que conformarse con su propia sociedad aquí, y, al parecer, sienten la necesidad de hacerlo.

Esto, por supuesto, no se puede llamar una comunidad en curso. Pero si tal instinto social despierta en los individuos femeninos y condiciona su actividad, entonces puede conducir a la formación de una comunidad. Sabemos de una especie de abejas que cavan una mina en suelo arcilloso y del material a su disposición modelan una cueva con un elegante panal de arcilla. En las células de este panal, la abeja pone huevos. Ella se ocupa de las larvas en crecimiento y las alimenta, protege el nido y vive hasta que se convierten en abejas más viejas.

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Fig. 110. El panal de nido de abeja de arcilla construido en la pared de arcilla. El eje de entrada y la cavidad del zócalo se abren en la parte delantera. A la izquierda, una celda está hackeada. (Disminuido a la mitad)

Una cerca de su tipo de salida de las c√©lulas de las abejas j√≥venes no vuelan en todas direcciones, pero permanecen en el sitio. Siguen a reconstruir comenzado por las c√©lulas madre, ponen sus huevos en el mismo nido, y juntos cuidar de la cr√≠a. El que trae la comida, la da a toda la familia, y no solo a su propia descendencia. Solo el comienzo del oto√Īo viola esta coexistencia. La pr√≥xima primavera, cada hembra comienza todo de nuevo: colocando un nido solo, ella se convierte en el fundador de un peque√Īo estado de abeja.

Para otra especie de abejas, la galction de marginalus, el nombre “abeja individual” no es adecuado. Aqu√≠ el fundador del nido alcanza la edad de cuatro a cinco a√Īos, as√≠ como el √ļtero de la abeja mel√≠fera. A lo largo de su vida, ella permanece fiel a su nido. De a√Īo en a√Īo, crece el n√ļmero de sus hijas, que se basan en el mismo asentamiento, increment√°ndolo gradualmente. As√≠ es como se desarrolla una gran familia, que cuenta con m√°s de un centenar de miembros, totalmente femeninos, que, sin embargo, casi todos siguen siendo fruct√≠feros y se dedican a la obtenci√≥n de alimentos, el cuidado de la cr√≠a y la construcci√≥n de panales.

El fundador del nido se libera de este tipo de ocupaci√≥n, se queda en casa y se convierte en la maternidad de la familia. Al final de este ciclo de muchos a√Īos, aparecen los machos, las hembras se aparean con ellos y establecen nuevas familias, y la antigua colonia se rompe.

Si galikta marginatus hembras est√©riles difieren del √ļtero s√≥lo porque sus ovarios no alcanzan la madurez completa, entonces las otras especies de este g√©nero diversas hembras galiktov son mucho m√°s peque√Īos y, por lo tanto, ya se parecen a las abejas obreras.




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